Quién domina la conversación
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La Nación5 min de lectura

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Mauricio Macri disfrutó de su buena sintonía con Michel Temer luego de meses de vínculo apenas protocolar con Dilma Rousseff, aunque el margen de maniobra de aquel interinato en el país vecino fue limitado. Su sucesor, Alberto Fernández, convivió entre roces y desplantes con Jair Bolsonaro, hasta un último tiempo de alineamiento con el retornado Luiz Inácio Lula da Silva.
La historia de desfases ideológicos y desencuentros entre los gobiernos de la Argentina y Brasil se convirtió en los últimos años más en regla que en excepción, y tuvo su punto cúlmine con la pésima relación personal que sostienen, desde hace tres años, Javier Milei y el actual presidente brasileño.
En silencio durante toda la jornada en la quinta de Olivos, el Presidente afrontará el último tramo de su mandato enfrentado con un Lula que demostró, una vez más, una capacidad de resiliencia política poco común. Un mazazo inesperado, que aguó la fiesta que Milei, y también la administración de Donald Trump, tenían en mente luego de la primera vuelta, hace sólo tres semanas.
Además de apoyar sin retaceos a Flávio Bolsonaro en el proceso electoral que culminó este domingo, el presidente argentino no escondió en ningún momento que no figuraba en sus planes sostener un vínculo fluido con su par de Brasil, a quien desde el inicio de su camino hacia la Casa Rosada asoció con el kirchnerismo. Cada vez que lo criticaban por tildar de “corrupto” y “ladrón” a Lula da Silva, Milei recordaba la “ayuda” del entonces presidente brasileño a Sergio Massa, cuando el entonces ministro de Economía buscaba suceder a Fernández.
Para su sorpresa y del universo libertario, los resultados de ayer revirtieron la tendencia de la primera vuelta, y su enemigo declarado resurgió casi de milagro de sus cenizas. Había, en la noche de derrota, poco margen para pensar en un replanteo del vínculo bilateral, por lo que el matrimonio por conveniencia entre ambas gestiones podría continuar como hasta ahora. Sin embajadores en funciones, sin coordinación alguna entre presidentes que evitan siquiera cruzarse, pero con silencioso trabajo conjunto en organismos compartidos y un intercambio económico que no se frenó a pesar de las rispideces entre libertarios y petistas.
A diferencia de la lúgubre reacción de libertarios y sus socios macristas, que durante la jornada anticipaban una victoria contundente, el festejo de los peronistas invitados al bunker de Lula comenzó cuando la tendencia era irreversible. La inconfundible marcha justicialista se mezcló con cánticos contra Milei, a quien también desde el PT asociaron con el contendiente derrotado en la noche del domingo, y con Donald Trump, ilusionado con terminar de pintar de azul el continente.
Extracto. El contenido pertenece a La Nación.
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