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Gobierno de Santa Cruz4 min de lectura

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La serie “Historias que dan calor”, impulsada por Distrigas S.A., nos lleva en esta oportunidad al paraje La Esperanza, ubicado en el cruce de las rutas provinciales 2 y 5 con la Ruta Nacional 40, a mitad de camino entre Río Gallegos, El Calafate y la Cuenca Carbonífera.
Allí vive Cristóbal Chipailaf, un antiguo poblador que hace 14 años eligió asentarse definitivamente en el lugar, lejos del movimiento de las ciudades y cerca de la tranquilidad que encontró en estas tierras.
Oriundo de Chubut, Cristóbal llegó a Santa Cruz a los 20 años y recorrió durante décadas los campos de la provincia, trabajando en distintas estancias. Un accidente le impidió continuar con sus tareas rurales y, desde entonces, comenzó otra etapa de su vida, dedicada a levantar su casa de a poco, con esfuerzo y paciencia.
Hoy, jubilado, disfruta de una vida más tranquila. Y entre los cambios que marcaron sus últimos años, se destaca, por encima de todos, la llegada del gas.
“Antes tenía que estar continuamente con la leña y el carbón, no dejar apagar la estufa porque era una heladera”, recuerda al describir cómo eran los inviernos en La Esperanza, donde las temperaturas pueden descender hasta los 15 o 20 grados bajo cero.
Mantener la casa calefaccionada era una tarea permanente. Cuando la leña escaseaba, debía buscar tablitas y juntar maderas que encontraba en el lugar para alimentar la estufa. El frío, la nieve y el hielo formaban parte de una rutina que exigía esfuerzo incluso dentro de su propio hogar.
Extracto. El contenido pertenece a Gobierno de Santa Cruz.
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