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Estimación de IA · confianza 80%
La inflación, en Argentina, es muy difícil de voltear. Septiembre volvió a demostrarlo. Los precios minoristas aumentaron 1,9%, dos décimas por encima del 1,7% registrado en agosto. En nueve meses ya acumuló 23,6%. Contra un año atrás, el IPC se elevó 33,4%.
El registro confirma las dificultades que enfrenta el Gobierno para mostrar una tendencia bajista en el costo de vida. También deja lejos las previsiones del presidente Milei, quien había anticipado que para esta altura del año, la inflación ya se situaría por debajo del 1% mensual.
La suba persistente de los precios se produce en un contexto de total estabilidad cambiaria. Al punto tal que uno de los debates preferidos entre economistas profesionales refiere a si hay o no atraso cambiario.
Con el dólar más o menos quieto en torno de los $1.500, el tipo de cambio continúa funcionando como un importante ancla antiinflacionaria. Sin embargo, ese factor no alcanza para quebrar la inercia de los aumentos.
El problema es que la inflación resistente coincide con una economía que no consigue consolidar su recuperación.
El consumo sigue debilitado, tanto en los productos de primera necesidad como en los bienes durables, mientras las consultoras privadas advierten que el leve rebote de la actividad del mes de agosto no alcanzó para compensar el fuerte retroceso de julio.
Extracto. El contenido pertenece a iProfesional.


Economía · Página/12

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