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La Nación8 min de lectura
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El artículo presenta un análisis equilibrado de las perspectivas empresariales ante la incertidumbre política y económica, sin inclinarse claramente hacia una ideología política, lo que sugiere un marco más central. Se mencionan preocupaciones y préstamos de forma objetiva, evitando lenguaje que indique sesgo claro.
Adelantar la discusión electoral cuando falta más de un año puede no ser la mejor estrategia. Menos para el Gobierno, que depende de que la maquinaria económica funcione lo más aceitada posible para llegar a los comicios mejor posicionado. El sector privado ya hace semanas que, ante la duda, puso el freno de mano: la prudencia se ha vuelto la norma. La perspectiva de enfrentar en 2027 una elección polarizada entre dos modelos completamente opuestos, como podrían ser el de Javier Milei y el de Axel Kicillof, tiene a muchos desconcertados. Y es que ni la economía está tan mal como muchos en la oposición pueden fogonear, ni tampoco tan bien como para augurar un resultado cantado en 2027. Nada peor que la falta de certezas: todos los escenarios están abiertos.
Tanto el presidente Javier Milei como el ministro Luis Caputo buscaron en las últimas horas aplacar los temores de empresarios e inversores internacionales, que no terminan de comprender el histórico péndulo político de la Argentina.
“Con los resultados que estamos logrando, tengo plena confianza en que el año que viene vamos a validar en las urnas este modelo, porque del otro lado está el pasado, los que generaron la pobreza y la inflación, y las sociedades no se suicidan”, dijo este jueves Milei en la Cámara de Comercio de los Estados Unidos, en Washington, ante un auditorio repleto de empresarios. Horas antes, en el marco de la Asamblea Anual del FMI, en Bangkok, Caputo insistía: “La gente nunca va a votar volver al pasado”. Sostuvo eso en respuesta a la consulta sobre cuáles creía que eran los principales riesgos que veía en la Argentina. Hay foros en los que no suma hablar de la oposición como el “Anticristo”. El mundo ya está lo suficientemente convulsionado como para seguir sumándole condimentos.
Con todo, entre los hombres y mujeres de negocios, las perspectivas de cara a los próximos meses son más bien conservadoras. Nadie espera una crisis, pero tampoco nadie ve que la economía vaya a mostrar grandes mejoras. Así quedó en evidencia en una encuesta anónima que se realizó la semana pasada en el marco del Encuentro Anual IAE de Familias Empresarias, en Puerto Madero. A pedido de los organizadores, 159 asistentes –entre los cuales se encontraban algunas de las fortunas más grandes del país– calificaron en una escala de 10 puntos distintas dimensiones de la economía.
La estabilidad macroeconómica fue la mejor evaluada, con 5,3, mientras que el acceso y el costo del financiamiento quedaron casi al fondo, con 3,8, apenas por encima de la creación de empleo que, con 3,7, fue la variable peor calificada. En otras palabras, hay un reconocimiento de que la macro va mejor, pero una evaluación de que ni el crédito ni el empleo acompañan.
Para 2027, la encuesta revela que las perspectivas no son muy distintas. Los consultados consideraron que podría mejorar la inversión productiva (la calificación pasó de 4,1 a 5,7), mientras que el financiamiento fue evaluado con 5,1, pero sin destacarse demasiado. Ninguna de las variables consideradas supera para 2027 el 6,3 con que los empresarios evalúan la evolución de la estabilidad macroeconómica. En todos los casos, se mantiene un optimismo prudente: hay un reconocimiento del ordenamiento macro, pero también de una economía real que viene detrás, más lenta. La foto de la economía libertaria solo presentaría cambios moderados el año electoral.
Extracto. El contenido pertenece a La Nación.

Política · La Nación